Mientras descansaba en los brazos de Alessandro, el agotamiento se desvanecía lentamente. Ambos estábamos desnudos, con mi cuerpo recostado en su hombro y su mano acariciando mi espalda desnuda, en una caricia que me brindaba un extraño consuelo.
—Alex, no me dijiste cómo te fue hoy en el trabajo—le pregunté suavemente, disfrutando de la intimidad del momento.
—Muy bien, hermosa—respondió, su tono tranquilo—. Brandon ha regresado a la ciudad.
El simple hecho de mencionar a Brandon trajo u