Cerró con llave la puerta del dormitorio de invitados, se sentó en el borde de la cama y se quedó mirando la pared.
Necesitaba una hora. Quizá dos. Solo tranquilidad, solo sus propios pensamientos, solo la oportunidad de ponerlo todo por escrito en algún sitio y mirarlo sin nadie más en la habitación.
Su teléfono sonó.
Miró la pantalla. Marco.
Descolgó. «Hola».
«¿Estás bien?». Su voz fue directa, sin preámbulos. «Intenté ir al hospital. Rodrigo me hizo dar media vuelta en la entrada».
«¿En seri