Ángela veía como Jesús esperaba ansioso el desayuno y ella solo sentía que no había modo de que pudiese comer correctamente. Solo deseaba dormir o estar en la soledad de su cuarto pensando en todo y en nada a la vez.
Cuando el timbre sonó, ella apagó enseguida la cocina para que el desayuno no se quemara, pero Jesús salió corriendo a atender.
-¡Amor no corras, no abras la puerta!- Le gritó desde la cocina y se apresuró para cuidar a su hijo. No sabía que clase de loco pudiera llegar y se sent