Encerrados en la penumbra de la bodega, Evan y Hayley no pasaron demasiado tiempo antes de que los demás notaran su ausencia. Al abrir la puerta, Eleonor y Loren los recibieron con sonrisas maliciosas y ojos llenos de diversión. Era evidente que el encierro no había sido un accidente.
Evan frunció el ceño, incrédulo. ¿Desde cuándo su madre era cómplice de tales travesuras? La miró con desaprobación, mientras Eleonor, fingiendo una completa inocencia, se encogía de hombros y ayu