Ella la ignoró y se dio la vuelta para marcharse.
Christine la sujetó del brazo.
—¡Ladrona! ¡No creas que puedes irte así! ¿Cómo te atreves a decir que la abuela Sterling te regaló ese brazalete? ¡Yo vi cómo se lo quitabas de la muñeca!
Su tono estaba lleno de absoluta convicción, como si hubiera atrapado a Ella con las manos en la masa.
—¡Suéltame, Christine! —Ella se zafó.
—¡Ladrona! ¡No huyas! —Christine volvió a lanzarse sobre ella.
En el forcejeo, la mano de Ella terminó golpeando accident