.96.
No esperó a que terminara cuando Devís se paró estrepitosamente, con mucha brusquedad, y lo tomó por el cuello, haciendo que arrugara su camiseta y desacomodara su corbata.
—Si te atreves a tocarle un solo cabello, te juro que te mato, imbécil. —El rostro de Fernando desprendía pura furia, se podía notar en sus ojos, mientras Pavel no comprendía por qué lo estaba amenazando, ni cuál era la razón por la cual se había enojado tanto. ¿Solo por defender a una mujer insignificante?
—¿Qué te pasa? So