Cerré los ojos, tratando de calmarme. Mi mente seguía siendo un caos. Sarah, mi amiga en quien siempre confié, de repente había hecho algo que no esperaba. No sabía en quién más confiar. Pero una cosa sabía: Luca estaba a mi lado. Y no dejaría que me pasara nada.
A la mañana siguiente, desperté sintiéndome mejor. Mi cabeza aún estaba un poco mareada, pero no tanto como la noche anterior. Luca estaba sentado en la silla junto a la cama, mirándome con atención.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
—Mejo