Capítulo 32

Podía sentir su cálido aliento en mi rostro. Sus fríos ojos azules me miraban con una intensidad que hacía que mis rodillas se sintieran débiles.

No se movía, solo estaba frente a mí a una distancia muy corta, atrapándome entre su gran cuerpo y la barandilla del río a mi espalda.

Podía ver cada detalle de su rostro desde allí. La pronunciada línea de su mandíbula. Una pequeña cicatriz en su ceja izquierda. Sus pestañas largas y espesas.

No podía respirar.

—¿Sabes por qué sigo acercándome a ti a
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