Capítulo XXXIV. Los miedos de un primerizo.

Arianna.

- “¿Que acabas de decir? Renunciaste a tu posición en el grupo Powell. ¿Pero si es tu herencia? ¿Si siempre ha sido lo que más has deseado?”- aún no podía creerlo, me senté frente a mi esposo, para que me mirara a la cara.

Él sólo me miró fijo a los ojos, y sin sonreír, me contestó:

No, Sirena, yo no sabía qué era lo más importante para mí, hasta que te conocí, y el pensar que te podía haber perdido, añadido a lo que les hizo mi abuelo, me ha despejado mis dudas. Nada, recuerda, nad
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