Capítulo XVIII. En malos momentos hasta los rivales ayudan.
Elena.
- “¿Se pude saber en qué demonios estás pensando estúpida Aramis?, y eso que tú eres la ecuánime, ¡maldito playboy manipulador!”- me quejé mientras regresaba a mi suite del hotel.
En mi retina aún estaba la cara de mi esposo, cuando tras entregarnos a la pasión, y pasar otras de esa noches, en esa limusina, que deberían estar entre los anales, de la mejores escenas sexuales de la historia que se centran en la seducción masculina, me di cuenta, en medio de esa fiebre delirante, que de nue