Ni siquiera volteo porque conozco perfectamente la voz de aquella persona.
— Señorita Monte, buenas noches —El señor Cabal estrecha su mano —. Es un gusto verla por aquí.
—Igualmente, señor Cabal, por nada del mundo faltaría —Me volteo y me mira con asombro —. Señorita Mejía ¿Qué hace aquí?
Su mirada me recorre de pies a cabeza, miro su vestimenta y vaya que no, no dejo nada a la imaginación.
— Es mi invitada —Bastian se para a mi lado y me sujeta por la cintura.
Su gesto no pasa desapercibido