Desde el punto de vista de Kon
Mis ojos estaban puestos en Ivar mientras nuestros guerreros entrenaban.
—Basta, ¿quieres? —dijo sin mirarme.
—¿Por qué demonios me has llamado por mi nombre? —pregunté.
Me miró y luego sonrió burlonamente.
—¿Qué, estabas en serio engañando a nuestra Mate haciéndote pasar por mí? —Preguntó.
—¿Es un problema? —Le pregunté.
—Sí, porque estabas siendo un idiota con ella. —Él respondió.
—No lo estaba, solo le di algunas reglas a seguir. —Señalé.
—Sí, claro hermano, sé