PUNTO DE VISTA DE GIOVANNI
Subí al asiento trasero del Mercedes negro, con la mandíbula tensa por la furia apenas contenida. Presioné el botón de mi teléfono sin mirar; la llamada se conectó de inmediato.
—Hemos llegado —dije con brusquedad.
—¿Buen vuelo? —la voz de Enzo sonó clara a pesar de la distancia—. ¿Cómo está llevando Italia nuestra novia sonrojada?
—Está bien —respondí, con tono seco. No quería hablar de Arya en ese momento.
Solo me llevaría a pensar en cómo se le había iluminado el r