PUNTO DE VISTA DE ARYA
La pesadilla no dejaba de repetirse.
Seguía viendo el rostro de Matteo y la forma en que su cuerpo se desplomaba como una marioneta, mientras la sangre se extendía sobre el mármol en un charco carmesí que parecía crecer y crecer hasta tragárselo todo.
Y los ojos de Giovanni… muertos y fríos, mirándome como si yo fuera algo que raspar de la suela de su zapato.
—Su sangre está en tus manos —espetó.
Desperté con un jadeo, incorporándome de golpe. Por un bendito instante pens