Miedo y culpa
Aunque la noche ya no estaba tan oscura, para Kara seguía viéndose lúgubre. Estaba rodeada de su suegra, Leif y el resto de miembros de la manada, pero su mente estaba en Darius. Estaba consciente de que permanecer en el pueblo era lo más sensato; sin embargo, deseaba estar a su lado mientras luchaba. La incertidumbre de lo que estaba ocurriendo no la dejaba esperar tranquila, el miedo le atenazaba la garganta y le apretaba el pecho. Cuando comenzó la batalla y se escucharon aullidos en la dista