★ Aria.
Me levanté por los ladridos de mi perro Tobirama, que comenzaba a rasguñar la puerta como si quisiera salir de casa. Nunca lo había visto tan desesperado.
—Tobi, cariño, ¿qué te pasa? —pronuncié acercándome a él, pero no paraba de ladrar y chillar a la puerta.
Tomé el pomo de la puerta y la giré. Entonces mi amado cachorrito salió corriendo en sus cuatro patas.
—¡Tobi! —grité a gran voz. —¡Tobi!
Salí corriendo mientras una pantufla se me caía al momento de salir. Demonios, estaba de