83. La vocecita de la culpa
Caius se giró hacia él con la frustración ardiendo en sus ojos.
—No lo controlo porque no lo quiero —gruñó con la voz ronca de ira—. No quiero ser Alfa de esa manada. No quiero este maldito poder que me quema por dentro. ¡Siento como si mi lobo quisiera dominarlo todo! Pero si acepto esto, tendré que ir allí. Liderar y no voy a ponerla en peligro otra vez, no después de lo que pasó.
Eryx lo interrumpió, la voz firme pero comprensiva.
—Y si no lo aceptas, ¿Qué? El poder crece, Caius. Lo veo. ¿Y s