El silencio en el Santuario Interior se rompió con el crujido seco de las botas de obsidiana de Seth, el equipo había cruzado el Umbral de la Verdad y ahora se encontraba en la vasta plataforma circular, suspendida sobre el vacío, al pie del Altar.
La luz dorada, cegadora, que emanaba del pilar de cuarzo ancestral bañaba la escena, revelando el rostro del traidor que esperaban, Tiber estaba allí, no como un guerrero, sino como un guardián cínico, con los brazos cruzados y una sonrisa de suficie