Elizabeth. -
Después de mi bochornoso espectáculo de hace un rato logré convencer a Bastián que compartiera su comida, apenas un aro de cebolla tocó mis labios. Juro que vi la gloria y el alma volviendo a mi ¡Que delicia! Aunque la vergüenza por lo de hace rato no desaparecía del todo ¿Cómo se me ocurrió decir eso? El silencio era nuestro más fiel compañero, necesitaba romperlo aunque esperaba no volver a decir otra estupidez.
— Mañana iré temprano al centro, estaré allí todo el día ¿No te mol