Señor y señora O'Sullivan.
El doctor ya había salido del cuarto del hospital, y yo no podía soltar a mi querido CEO.
Sus fuertes brazos me sostenían en un abrazo cálido, que no me dejaban sentir soledad o angustia por el futuro incierto que vendría con este nuevo bebé.
Su calmada respiración en mi cuello, ya no era algo que me molestara, se sentía bien saber que su calma exagerada, no era porque no tenía preocupaciones, él estaba tan preocupado como yo, pero a diferencia de mí, él sabía controlarlo.
Quizás por eso siempr