Perseverancia.
Mis dedos rozaban el suelo frío, buscando desesperadamente ese pequeño reflejo que vi antes. El polvo del suelo se levantaba dejando mis manos y mis uñas cubiertas de tierra.
Seguía empujando mi cuerpo, centímetro a centímetro, ignorando el dolor que se apodera de mis muñecas y la rigidez de mis piernas. La luz parpadeante apenas er notoria pero cada vez que desaparecía, el miedo volvía y cada vez que lo hacía se intensificaba por diez.
“Solo un poco más, ya falta poco” Pensaba desesperada mien