Nuestra primera cita.
El murmullo de la noche parecía acompañar nuestras palabras. Detrás de nosotros, la fiesta seguía su curso, pero en nuestro pequeño universo, el tiempo se deslizó lentamente. La fragancia de la noche, el leve crujir de las hojas y el rumor distante de las risas se mezclaban en un concierto íntimo.
Mientras hablábamos, mis pensamientos divagaban en el recuerdo de un año entero (unos doce meses en los que, a pesar de los maltratos y las heridas, habíamos formado una conexión casi única.
—Recuerdo