CAPITULO 35
El niño se llenó de celos y sintió la necesidad de lanzar al suelo al hombre que se acomoda en una mejor posición en la cama.

—¡Qué! —exclamó el pequeño con mucha molestia. —¿De qué hablas? —renegó frunciendo el ceño, se siente confundido.

—Ay, perdón, estaba soñando y pensé que era tu mamá la que me estaba despertando. —respondió con apuro.

—¿Cómo?

—Digo… pensé que era con una novia que tengo que estaba hablando. Pero no se lo digas a tu madre. —Ay ya olvídate niño adorable y dime que quieres.

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