Francisco se llenó de miedo. Su amigo es muy enojado cuando algo no le agrada y ahora él había metido las extremidades hasta el fondo al decir que era su jefe.
—En realidad, él es mi secretario. Supongo que por eso no tengo el derecho a saber sobre su vida. —corrigió.
—Eso suena lógico. —Respondió Melisa.
El hombre dijo que iría a saludar a unos amigos y desapareció antes de que Maya llegara.
En ese momento las amigas no volvieron a tocar el tema. Regresaron temprano y cada una durmió donde le