Momentos atrás, Emily había recibido una llamada del detective qué llevaba su caso:
—¿Diga?—murmuro Emily mirando su entorno para ver si no había ojos o quizás oídos atentos a lo que ella hacía.
—Buenos días, señorita Johnson. Espero no interrumpir su desayuno—expreso el hombre algo apenado por la hora y aunque tal vez no era excesivamente temprano, no era usual llamar a sus clientes por la mañana; sin embargo, tenía algo importante que comunicarle.
—No, por supuesto que no, por favor, dígame. ¿