Aquella mujer llevaba en sus brazos el diminuto cuerpo de un bebé en sus brazos. Emily se tuvo que detener en seco, al reconocer en el rostro de ese pequeño el de su madre. Tenía ciertos rasgos qué ella no pudo ignorar, sin olvidar qué la pobre criatura no dejaba de llorar.
—Disculpe señor Lennox, es probable que debamos ir a urgencias, su hijo se niega a comer, devuelve todo lo que come y no deja de llorar—le informo la enfermera al señor Lennox.
Emily giró hacia él por mero instinto, no es