Señor Magnus, ¿usted me llevó ahí para que? —preguntó Sara, quien ya se estaba imaginando que el hombre no era cualquier persona al azar.
—¿Para que mas sería?, para que corra a esas personas que te echaron y se dieran cuenta que tu eres la única dueña de esa casa.
—No quiero la casa, déjalos a ellos... —profirió Sara.
—¿Qué? ¿Me pides que los premie y los deje vivir en paz, esas personas que siendo de los tuyos no le temblaron el corazón para tratarte mal?
—Pero en cambio, te enojas conmigo?