Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa oficina de Cyrus siempre imponía respeto. Altos ventanales daban vista al corazón de la ciudad, donde las luces parpadeaban como un enjambre en constante movimiento. El mobiliario, sobrio y elegante, era más un recordatorio de poder que de comodidad. Aquella noche, el silencio pesaba más que cualquier discurso.
Roldán entró sin titubear. Vestía con esa sobriedad impecable que tanto lo caracterizaba: traje oscuro, corbata ajustada, expresión impasible. Cerró la puerta tras de sí y,






