—No tengo porque venir a mentirles señores, saben que la familia Price; somos honestos y directos en decir la verdad, no tengo porque engañarlos con esto; pero hay otros que desean guardar secretos y pensar que nunca serán encontrados. —argumento al mirar al rubio, que de inmediato se acercó para agarrarlo de las solapas de su saco azul.
— ¡Izan! Suéltalo ahora. —grito la Sra. Elia, al colocarse de pie con la bebé que comenzó a llorar por la agitación del mismo ambiente.
Los ojos azules de