Seo-jun cerró los ojos y dejó que las palabras de su padre resonaran una vez más en su mente: “Quiero que regreses a Corea y hagas lo que te digo. Si no lo haces, atente a las consecuencias”. La amenaza era tan real como todas las que siempre había recibido de él. Aunque se había alejado con la esperanza de encontrar libertad y un nuevo comienzo, parecía que la sombra del control paterno lo perseguiría hasta el final de sus días. Y ahora, por su causa, Jasiri se sentía traicionada.
La tensión e