Alejandro tenía la corbata suelta, la camisa desabotonada en el cuello, la mirada afilada y el traje arrugado por la angustia. A su lado, Valentina yacía como una figura frágil entre tubos y sueros; un vendaje blanco sobre el vientre, el monitor tras la cortina marcando los números con constancia puntual. Ella dormía con la respiración pesada, interrumpida a veces por espasmos de dolor que las máquinas registraban sin juicio. Alejandro le tanteaba la mano de forma distraída, sin apartar la vist