—De acuerdo, me rindo, Hiroshi. Al final has conseguido hacerme daño. Estarás orgulloso. ¿Quieres que te felicite? —susurró
Le pareció que ella sonaba distinta. No era la fría reina de hielo en la que se había convertido ni la chica abierta y risueña con la que se había casado. Esta Aiko, la que tenía de frente, parecía una mujer muy cansada y dolida.
«Por fin. He logrado sacarla de su caparazón.»
—¿Qué pensabas que iba a pasar? —le preguntó furioso.
Por primera vez en mucho tiempo, no le i