—Estabas demasiado acostumbrada a que corriera detrás de ti, Aiko.— susurró él, mirándola a los ojos.— ya había ido a por ti una vez, no quería hacerlo de nuevo. No soy tu perro faldero, mujer. Soy el líder de una mafia. Ir a buscarte después de que me habías traicionado me habría hecho ver débil. Y tú mejor que nadie sabe que la Yakuza estaba en crisis.
Ella tragó en seco, asintiendo.
— Habían demasiadas familias del clan en contra de mi decisión de desterrar a Hitoshi. La mayoría de ellos e