Tres hora más tarde, Aiko estaba en la cinta de correr mientras escuchaba música en el reproductor del gimnasio, cuando lo vio llegar. Su rostro se iluminó instantáneamente.
—Hola. Que pronto vuelves.
Hiro cogió una toalla de la mesa que había a la entrada de su equipado gimnasio, y se dirigió a la cinta de al lado.
—¿Has pasado una buena mañana?
—Sí—musitó. «Por cierto, te he echado muchísimo de menos.» pensó ella.
—¿Quieres salir a cenar esta noche?
Aiko se mordió el labio. La última vez