Cuando regresó a la casa, específicamente a su habitación, pensó en checar algunos e-mail pendientes en su viejo y destartalado portátil, el que estaba justo donde lo había dejado, pero junto a este había un Mac. Un reluciente y precioso Mac, nuevo y con un gran lazo rojo pegado encima.
—Oh, Dios mío.— Susurró, acariciándolo con los dedos.
— ¿Te gusta?
Escuchó que él preguntaba.
Se giró y vio a Hiro a un metro de ella, sopesando la expresión de su rostro, intentando adivinar lo que estaba pa