— Acuéstate con las piernas en alto.
Aiko arrugó el entrecejo.
— Perdón, no comprendo...
— Para que no se derrame mi semen, acuéstate con piernas en alto.— repitió Hiroshi.
Y la burbuja de placer en que se había encontrado Aiko explotó estrepitosamente.
« Eres una tonta.»
Se regañó internamente.
Era obvio que para Hiro lo que acababa de suceder no había sido tan especial como para ella.
¿Qué hombre enamorado terminaba dentro de su mujer y le ordenaba una cosa así?
«Precisamente» Se burl