Estaba loco por aquella mujer.
Era un cínico, un asesino y un mafioso hijo de puta, pero tenía que reconocerlo.
Ella le encantaba.
La tenía allí, sentada sobre sus rodillas, y la deseaba con una ferocidad tormentosa. Además, sabía que ella también le deseaba a él.
El beso no era un remolino de deseo oscuro y pasional , como lo hubiera querido, era una danza delicada, suave y dulce de sus labios sobre los de ella y lo estaba poniendo impaciente.
Sus dedos se deslizaron lentamente por la espa