Miedos y temores.
De camino a casa, Damián se encontraba sentado en la limusina, sumido en sus pensamientos sombríos y lleno de preocupación. Calculaba los peores escenarios en su cabeza, ya que Enrique le había informado que Tadeo logró escapar después de ser capturado, lo cual le llenaba de temores, pues suponía que él podría haber secuestrado a los niños.
Frustrado y furioso consigo mismo, comenzó a golpear el asiento con rabia. —¡Soy un idiota! ¿Cómo pude darle poder a ese hombre?
Él no podía entender por q