Le preparé su desayuno y comencé a acomodar la cocina. Cuando estaba nerviosa se me daba por ordenar cuanta cosa se pase por el frente.
—¿Qué hacen tú y Date en la devista, mami? —interrogó mi pequeño y casi me caigo, había olvidado esconderla.
—No lo sé hijo —respondí, era muy pequeño para entender estas cosas.
—Buenos días —saludó Ernest entrando a la cocina.
—Buen día tío Oso —saludpo mi pequeño. Los ojos de Emmet se dislocaron al ver la revista.
—Berenice, ¿Tú y…?
—Fue una cena de negocios,