Charlotte pasa saliva, ahora sus rodillas arden y están sangrando, está recordando todo poco a poco y la desesperación se apodera de ella.
Cómo mujer valiente, se coloca de pie, sosteniéndose de la pared sucia y rayada, para luego tocar el metal, y como arte de magia, la pared de metal, se abre. Ella retrocede mirando atemorizada. —¡Rápido! Es hora del baño— la voz prepotente de una mujer de aproximadamente 40 años, la hizo sentir un escalofrío en su cuerpo
—¿Baño? ¿Señora que hago en este lu