Matthew despertó en su cuarto de la base, con la cabeza martillándole como si alguien estuviera golpeando su cráneo desde dentro. Apretó los ojos, maldiciendo la resaca que lo había embargado tras la noche anterior. El licor no había sido suficiente para hacerle olvidar, ni siquiera para adormecer el dolor lo suficiente. Cada pensamiento, cada imagen de Emilia y su mentira, lo perseguía como una pesadilla que se negaba a desaparecer.
Se incorporó lentamente, pasándose una mano por el rostro, no