PVO Samantha
No podía apartar la vista, aunque deseaba, Emilio seguía inmóvil sobre la cama, con los ojos abiertos, mirándome como si tampoco pudiera comprender lo que estaba pasando.
Jane, en cambio de, permanecía recostada sobre su pecho con una felicidad que jamás le había visto, mi hija era feliz, y esa simple verdad termino de romperme.
Los ojos de Emilio pasaron de la sorpresa a la culpa y finalmente al pánico. Era como si quisiera levantarse, correr hacía mí y explicarme lo inexplicable