Cassius caminaba de un lado a otro en su habitación. Había estado llamando a personas que podrían ayudarlo con el caso de Lydia, pero ninguno contestaba; parecía que ya lo habían bloqueado.
La escena seguía repitiéndose en su mente: Lydia nunca se había acercado al caso, pero ¿cómo era posible que fuera ella la que aparecía en la cámara?
Pronto, un amigo le devolvió la llamada.
—La han liberado gracias a una persona anónima.
—¿Qué quieres decir?
—Basta de preguntas, ve a recogerla —dijo antes d