Amanda caminaba de un lado al otro en la habitación, con las manos temblorosas y los ojos llenos de preocupación. Su respiración estaba acelerada, y aunque Luke intentaba calmarla, cada vez que pensaba en lo que estaba por venir, el nudo en su pecho crecía. El sobre con la citación al juzgado seguía sobre la mesa, como un recordatorio silencioso de que el tiempo se acababa.
—Amanda, por favor, tienes que tranquilizarte. Esto no es bueno para ti ni para el bebé —dijo Luke, acercándose a ella y t