**ELENA**
El silencio de la madrugada en la villa costera siempre me había parecido un manto protector, pero esa noche se transformó en una trampa pastosa. Me desperté con una náusea sorda que me caló hasta las sienes, seguida de un estallido de calor abrasador que me humedeció la frente en un parpadeo. Intenté incorporarme sobre las sábanas de hilo, pero una debilidad extrema me adormeció las extremidades, dejándome sin aire. Al retirar la manta de lana blanca, un frío glacial me recorrió la e