—¿Gianna? —el golpe en su pecho volvió con fuerza, y ella tomó el aire para girarse.
—Señor… creo que… olvidé avisarles a mis padres… deben estar muy preocupados… —ella estuvo a punto de ir por su celular, pero Enzo la detuvo.
—Escucha… llama de mi teléfono… sé que no deberías mentirles, pero no van a entender nada de esto. Diles que se te descargó el teléfono, y que en una hora estarás allá…
Gianna supo que él tenía razón. Tomó el teléfono que Enzo le ofreció, y marcó a su casa para escuchar a