Mundo ficciónIniciar sesiónLUCIFER:
Mi querido hijo, el príncipe Árnyék, se queda detenido en el aire, envuelto por la energía divina. Corro hacia él y trato de extraerla; es demasiado poderosa como para consumir toda su energía vital. Sin embargo, poco a poco, la energía va cambiando de color hasta terminar en un dorado y luminoso, ante los ojos de todos.
—¿Arni, estás bien, hijo? ¿Estás bien? —pregunto, preocupado.






