Me mira de reojo y su sonrisa se desvanece, su expresión se transforma en una de total desdén, como si yo estuviera allí para una entrevista de trabajo y le hubiera bastado un segundo para determinar que no soy la persona adecuada para el puesto.
Aparto la mirada de ella y me fijo en Sasha. Está de pie detrás de su escritorio, sin chaqueta, con las mangas remangadas hasta los codos. Las venas de sus antebrazos musculosos reflejan la luz a la perfección, y odio darme cuenta. Se ve sereno, podero