CAPÍTULO 203

—¡Hola, hermanita! —dije, extendiendo el teléfono—. ¿Qué pasa?

Verónica apareció en la pantalla con un rostro lleno de escepticismo. Bastaba con mirarla para saber que éramos parientes. Teníamos el mismo cabello oscuro y los mismos ojos; la única diferencia entre nuestros rostros, aparte de nuestro género, era que yo heredé los rasgos esculpidos de papá, con ángulos marcados y pómulos altos, mientras que Verónica tenía los rasgos suaves y delicados de mamá.

—¿Para qué es el look?—, pregunté. Mi
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