Nico, idiota imprudente.
El instinto me domina, una urgencia aguda me retuerce las entrañas. Aprieto la mano de Jenna con más fuerza y la atraigo hacia mí, hablándole en voz baja y directa. «Tienes que esconderte. Ahora».
Sus ojos se abren de par en par, la confusión brilla tras sus profundidades esmeralda. —¿Qué? ¿Abram, no?—
Niego con la cabeza una vez, interrumpiéndola antes de que su protesta tome forma. —No discutas. Esta vez no—.
—Espera—, susurra Jenna, clavándose un poco en el suelo,